Lo que siempre se preguntó sobre los Oscar (y nunca se atrevió a preguntar)

Ahora que todavía estamos en plena resaca de los Oscar (con gobiernos quejándose por Argo, y otros obviando la supuesta polémica causada por La Noche Más Oscura), es el momento de pensar en si han sido justos, si Seth McFarlane ha hecho un buen trabajo (que sí, por cierto, por mucho que el sector más tradicional se queje) y de hacer chistes (sí, todavía) del vestido provocativo de Anne Hathaway. Y, además, irnos preparando para los Oscar de 2014, para los que se habla ya de las últimas cintas de Alfonso Cuarón (Gravity), los Hermanos Coen (Inside Llewyn Davis) o la próxima película de Martin Scorsese con Leonardo DiCaprio (The Wolf of Wall Street). Aunque aún queda mucho por delante, y nos quedan sorpresas por ver, bodrios por deglutir y actuaciones y direcciones que paladear… Es el momento de reflexionar y de pensar esas preguntas que siempre hemos querido hacer sobre los Oscar pero nunca nos hemos atrevido a preguntar. Y no, no hablamos de las típicas falsas curiosidades del estilo “¿El nombre viene realmente del tío de alguien?” o “¿Apareció una vez un señor desnudo en la gala?”. No: Curiosidades de verdad (¡aunque a estas alturas es difícil sorprender al cinéfilo medio!). ¡Conozcamos más sobre el premio con las 5 preguntas que siempre quisiste hacer sobre los Óscar y nunca te atreviste a preguntar!

¿Este año ha sido el primer empate?

Este año, el auditorio entero quedó en shock durante un segundo mientras Mark Wahlberg y (ay) el oso Ted anunciaban que, en el Oscar a Mejor Sonido, había un empate entre La Noche Más Oscura y Skyfall (haciendo así, ya de paso, que ninguna quiniela del mundo estuviera perfecta al cien por cien). La pregunta es… ¿Ha ocurrido antes, o fue un capricho de los productores de la gala por hacer algo especial? En primer lugar debemos remontarnos a 1932, cuando Frederic March (Dr Jekyll y Mister Hide) venció a Wallace Beery (El Campeón) por tan solo un voto. Desde entonces, cuando en una categoría hay tres votos o menos de diferencia, se considera que hay un empate. En 1949 hubo un empate en Mejor Cortometraje Documental (entre A Chance To Live y So Much For So Little), en 1986 sucedió en el Mejor Documental (entre Artie Shaw: Time Is All You’ve Got y Down And Out in America) y en 1995, en mejor cortometraje (entre Franz Kafka’s It’s A Wonderful Life y Trevor). El empate más sonado sucedió en 1969, en la categoría de Mejor Actriz, entre Barbra Streisand (Funny Girl) y Katharine Hepburn (El León En Invierno). Ambas recibieron 3.030 votos cada una y solo Streisand recibió la estatuilla de manos de Ingrid Bergman, ya que Hepburn no pudo asistir a la ceremonia.

¿Alguien ha rechazado un Oscar?

Aunque hoy por hoy puede parecer increíble, antaño ha habido varias personas que han rechazado el galardón. Aunque el más conocido, sin duda, es el caso de Marlon Brando, que al ganar por El Padrino hizo subir a una chica nativo-americana (apache, para más señas) a recogerlo, dando un discurso sobre la liberación de los indios (que, por cierto, ni era india ni nada, y se trataba de una actriz llamada María Cruz). Esta fue la última vez que alguien rechazara sus premios (ojo: Que los rechazara, no que no asistiera a la ceremonia, como hace habitualmente Woody Allen), pero no la única. En 1936, el guionista Dudley Nichols, protestando contra el trato que se le daba a los guionistas en la industria, rechazó su premio por El Delator (a pesar de que, en 1949, se le vio con una estatuilla en su casa). En 1971, George C. Scott rechazó su premio afirmando que las películas y los actores no eran carreras de caballos con las que concursar. El productor de la película recogió su premio, para no armar escándalo. Scott también rechazó el Emmy que le ofrecieron días después. Un caso especial es el de Peter O’Toole, que rechazó un Oscar honorífico en 2003, pues aún quería ganarlo por sí mismo. Finalmente subió a recogerlo de manos de Meryl Streep. Curiosamente el tiempo le daría la razón, pues volvería a ser nominado por méritos propios en 2007.  Como curiosidad, la Academia de Hollywood también rechaza categorías, y, además de los que se dieron solo en las primeras galas, ha rechazado algunas categorías como Mejor Casting, Mejor Coordinación de Extras o Mejor Diseño de Títulos. Pese a todo, se siguen reuniendo cada año con la intención de introducir alguna nueva categoría. ¿Conseguirán ponerse de acuerdo?

¿Por qué cortan los discursos?

En 1956, Dorothy Malone ganó el premio a Mejor Actriz Secundaria, y comenzó a recitar sus agradecimientos durante más de cinco minutos. Nadie podía pararla, hasta que Jerry Lewis le puso el reloj de su muñeca delante de la cara para que parara. Desde hace años, esto se ha solucionado haciendo que el productor corte de raíz los discursos con una bonita música (que, en 2013, ha resultado ser la banda sonora de Tiburón, dando así mayor sensación de estrés a los que están arriba, disfrutando de uno de los mejores momentos de su vida). Pese a todo, esta solución no siempre funciona: En 2001, Julia Roberts recogió su premio por Erin Brockovich y, después de pasarse de los dos minutos que todas las personas tienen, amenazó al director de la orquesta diciendo “¡Ha ido muy rápido con esa varita, señor! ¿por qué no se sienta?”. Con todo, ni Dorothy Malone ni Julia Roberts fueron las que más tiempo estuvieron encima del escenario. Ese honor pertenece a Greer Garson, que estuvo en el escenario cinco minutos y medio después de ganar su premio por La Señora Miniver. Un ejemplo contrario fue el de Alfred Hitchcock o William Holden, que, al ganar su premio, simplemente dijeron “Gracias” y se fueron, permitiendo seguir la gala sin problemas. Prince, por su parte, dijo un poco más que ambos: “Muchas gracias” antes de irse.

¿Se pueden vender los Oscar?

Por muy arruinado que se quede un actor años después de ganar el Oscar, la estatuilla no puede venderse. Desde el año 1950, todo el que quiera deshacerse de un premio deberá acudir a la propia Academia y recibir a cambio… un dólar. Esto se debe a que antes de dicho año se vendieron más de 150 estatuillas en el mercado negro. Aunque el precio real de un Oscar es de 500 dólares (y, ya que estamos, pesan aproximadamente tres kilos), se pueden comprar algunos por hasta un millón y medio. Y no creáis que la Academia se lo toma a broma: En 1989, Malcolm Willits compró el Oscar de mejor película de La Vuelta Al Mundo En 80 Días (1956), pero se lo quitaron de las manos. Sin embargo, hay gente que ha comerciando sin problemas con los Oscars. Sin ir más lejos, David Copperfield tiene el Oscar a mejor director de Casablanca en su dormitorio. Lo compró en 2003 por 232.000 dólares. Otras personas con Oscars de años anteriores sí las han devuelto a la Academia, como Kevin Spacey, Lew Wasserman o la compañía DreamWorks, que compró el Oscar que ganó Bette Davis en 1938 por 578.000 dólares solo para devolverlo, sin coste alguno, a la Academia. Claro está, siempre hay quien intenta comerciar con los premios: En el año 2000, 55 Oscars fueron robados de Los Angeles justo antes de la Academia. Se recuperaron 52, uno se encontró días después y dos aún siguen en paradero desconocido. Estos no son los únicos Oscars perdidos… pero eso es otra historia.

¿Cómo fue la primera ceremonia?

En 1929, coincidiendo con el inicio del cine sonoro (de hecho, ese mismo año El Cantor de Jazz se llevó un premio honorífico), se celebraban los primeros Premios de la Academia. El presentador del evento fue Douglas Fairbanks (por aquel entonces presidente de la Academia), y tan solo se presentaron 270 personas en el hotel Hollywood Roosevelt. Tampoco hubo mucho que ver: La gala duró quince minutos y entrar costó a cada persona cinco dólares, que daban derecho a cena. Aunque no hubo medios radiofónicos ni televisivos cubriéndola, tampoco es que hubiera mucha emoción al respecto, ya que los ganadores se conocían desde tres meses antes. Las categorías estaban un poco diluidas aún, y se ofrecieron dos premios a mejor película: Mejor Película y Producción Única y Artística, que se eliminó el año siguiente. Los premios se dividieron entre categorías cómicas y dramáticas y se ofrecieron estatuillas a la mejor escritura de títulos (primera y última vez, al instaurarse el cine sonoro al año siguiente) y mejores efectos de ingeniería. Curiosamente, algunos de los nominados en estas categorías no lo fueron por ninguna película específica, sino, más bien, por su carrera a lo largo del año. El año siguiente se cambiaron gran cantidad de problemas: Los premiados fueron sorpresa hasta el último momento (de hecho, ni siquiera hubo nominados, algo impensable hoy en día), se cambiaron algunas categorías y se emitió en directo por la radio.

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